DESPIERTA CHILE

EXPRESA LO QUE SIENTE Y SIENTE LO QUE DEBE

Chile ¿el Israel de Sudamérica?

Enviado por despierta chile el 31/03/2011 a las 21:17

ISRAEL.jpg         Pudiendo tener futuros convergentes e integradores que lleven paz y progreso a sus pueblos – por causas totalmente ajenas al sentir chileno – Perú y Bolivia, nuevamente, se alían para confrontarse con los chilenos.

         Por la parte peruana, están sus sempiternas reivindicaciones en el extremo norte y ahora sobre mar territorial chileno. No les bastó la devolución de Tacna en 1929, que estuvo 50 años bajo bandera chilena. Y por eso, en vez de valorar que su independencia partió con la escuadra libertadora que zarpó desde Valparaíso rumbo a Callao o que innumerables peruanos de modestísimos orígenes aquí han recibido trabajo, salud y educación, en Lima los políticos chauvinistas optan por la enemistad con los demonizados chilenos.

         Bolivia que disfruta de enormes facilidades gratuitas para establecer todo su comercio marítimo por puertos chilenos, que educa a su elite en universidades chilenas y que ha recibido permanentes ofertas de canje de territorios, como en Charaña, para su salida al Pacífico, cada vez que un gobernante suyo ve peligrar la estabilidad de su administración, ahí empieza indefectiblemente su andanada de agravios en contra de los chilenos.

         Por ello, no obstante su vocación pacifista, Chile, durante la presente década, se verá enfrentado a álgidos desafíos de defensa de su soberanía, por parte de potencias fronterizas.

         Las borrascas arenosas provenientes del norte así todo lo hacen prever.

         Así como en 1975 estuvo el Plan Tupac Amaru de Velasco Alvarado y sus militares castristas de invasión de Tarapacá, y en 1978 sufrimos el desconocimiento argentino del laudo arbitral británico, con la escuadra chilena desplegada en el Atlántico, el 22 de diciembre de aquel histórico año, ahora los tambores de guerra en nuestra contra nuevamente soplan desde el norte.

En el caso de la Argentina de Videla, valga acotarlo, se proyectó el Plan Rosario I, oportunamente denunciado por la prensa brasileña, el que comenzaba en Picton, Nueva y Lenox y continuaba, como finalmente aconteció con Galtieri, en las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.

         En ambos magnos desafíos para la soberanía patria, Chile no perdió un centímetro de sus derechos terrestres o marítimos. Y tampoco murieron, como sí muy factiblemente pudo acontecer, decenas de miles de jóvenes en el campo de batalla. Esto, que en condiciones normales sería materia de resplandeciente orgullo, nunca ha sido resaltado por los actuales altos mandos de las FFAA ni por el entorno político que apoyó en la época su gestión. Ambos sectores están acomplejados, tullidos, tartamudos, ante la verborrea neo marxista y por eso no levantan las banderas, que para ejemplo de las futuras generaciones de chilenos, deberían izar permanentemente. Sólo bastan un capirotazo comunista o un coscorrón socialista, para que los aludidos se queden mudos, petrificados y en ocasiones, hasta pidan perdón a sus detractores ex agentes de la Cortina de Hierro.

         (Sobre el escenario austral, según publicaciones militares argentinas, la Operación Rosario II - nombre de la operación de desembarco, la operación anfibia se denominó Operación Azul 8 - “consistía en una serie de acciones de intensidad creciente encaminadas a la recuperación argentina de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, que se conseguirían en sentido inverso (de Este a Oeste y de menor a mayor relevancia política), iniciándose de la manera más discreta posible y culminando con la toma del archipiélago de las islas Malvinas y de su capital, Puerto Argentino/Stanley, mediante un asalto directo”).

         La probable elección del Chávez peruano, Ollanta Humala y la artera búsqueda de réditos políticos internos de la tambaleante administración del también chavista Evo Morales, en Bolivia, conforman un escenario de anti chilenismo histérico.

         Porque no son ni Chile ni los chilenos quienes reclaman provincias extranjeras, son sus vecinos quienes irracionalmente quieren trastocar la historia, como si los mapas se pudiesen cambiar como rompecabezas de colegiales. Pues, con dicha lógica reivindicativa de peruanos y bolivianos, Chile debería estar preparándose para recuperar la Patagonia, México para sumar a su territorio a California, Texas y demás estados, hoy en los EEUU, y el propio Brasil devolverle a Bolivia territorios 10 veces superiores a los que la nación altiplánica perdió en manos de Chile, en el siglo XIX. Y así sucesivamente, por citar decenas de ejemplos de cambios geopolíticos que hubo en los dos pasados siglos.

         En el caso peruano, además, debe considerarse la demanda de esta nación en La Haya y sobre la cual la sempiterna respuesta legalista chilena, ha ido acompañada de pésimos gestos, en donde La Moneda ha pretendido que ante tan tamaña afrenta, aquí no ha pasado nada y que por consiguiente, aunque Perú desconozca limites y tratados vigentes desde mediados del siglo pasado, los que también involucran a Ecuador, aquí pueden seguir emigrando a territorio chileno, ciudadanos peruanos por miles de miles y los empresarios nacionales continuar invirtiendo en Perú como si lo estuvieran haciendo en España.

         Igualmente, en el evento de que Ollanta Humala no cuente con la mayoría electoral peruana, la cizaña sembrada en contra de Chile y los intereses chilenos durante la campaña ya es hierba seca, que espera la chispa para incendiar la pradera, máxime aun considerando que los chilenos somos percibidos más como mercaderes fenicios que como centuriones romanos.

         Ahora, el pasado 23 de marzo, para el “Día del Mar”, Evo Morales ha borrado con el codo todo lo que su mano había escrito de armonía y entendimiento en las relaciones bilaterales con Santiago y ha señalado también que su nación acudirá a los foros y la justicia internacional, para buscar desconocer un tratado de límites vigente desde 1904.

         Y en este esperado incidente, otra vez, la respuesta chilena ha sido vaga en los hechos y grandilocuente en su verborrea. Lo que no es de extrañar en una sociedad en donde la “elite” suele encubrir la cobardía tras el difuso velo de la “prudencia”.

         Así las cosas, al igual como acontece con Israel en Medio Oriente, Chile se ve desafiado al acecho de potencias foráneas que no trepidarían en actuar aliadas en una hipótesis bélica vecinal y para lo cual se requiere de un nivel de preparación militar y sicológica excepcional.

         Y es aquí en donde precisamente comienzan nuestras dudas, acerca de si son asimilables los parangones entre el permanente sentido de apresto de combate de las FFAA y la sociedad israelita, en contraste con esta nación de apariencias, de constante baile de mascaras venecianas, de farándula institucionalizada, comida chatarra y consumo record de sicotrópicos. Este país capaz de vencer la adversidad de un ataque masivo y demoledor de la naturaleza como el último terremoto y maremoto o de rescatar a los 33 de Atacama con asombro mundial y por contraste crear un engendro de ineptitud incalculable como el Transantiago o de mantener un sistema penitenciario atroz, mientras la “gente buena” hace gárgaras con los DDHH. Y las principales instancias político jurídicas de la republica, se esmeran en hurgar odiosidades de hace casi cuatro décadas.

         De partida Israel es una sociedad en donde toda su juventud, no unos pocos desesperanzados en busca de mejores horizontes laborales, reconocen disciplina militar. Israel es un Estado en donde las FFAA, jamás han dejado abandonados a su desgraciada suerte a sus ex agentes y donde resulta impensable que mandos militares presentes, por genuflexión con los políticos de turno,  aportasen antecedentes de sus antecesores, lo que es considerado como alta traición. Tampoco podrá decirse, como contra argumento progre, que Israel no haya materializado nunca severas acciones punitivas y de aniquilamiento selectivo en contra de quienes considera enemigos de su seguridad nacional. Sin embargo, nunca, las fuerzas del Estado judío a cargo de dichas operaciones, fueron delatadas por sus instancias políticas y militares institucionales. Porque aquellos agentes del Estado judío actúan precisamente en pro y para lo que ese Estado les dispone. Lo que acontece invariablemente cuando vemos el accionar de FFAA y De Orden, obedientes, disciplinadas, jerarquizadas y no deliberantes, como siempre lo fueron en Chile.

         Siendo una sociedad valiosamente democrática, Israel tampoco concibe una prensa rastrera, oportunista, que haga escarnio de sus hombres de armas, quienes en un determinado momento de su historia estuvieron en la primera línea de fuego, combatiendo a quienes la nación asumía como sus enemigos al servicio de potencias foráneas.

         En definitiva, cuando se trata de patria, bandera y doctrina militar, Israel no tiene matices acomodaticios ni medias tintas. Y eso a la hora de movilizar efectivos hacia la instancia crucial del combate pesa y pesa por toneladas, en el subconsciente de los hombres movilizados a la custodia de las fronteras soberanas.

         Por consiguiente, en este Chile del siglo XXI, con FFAA muy bien apertrechadas, innegable merito de la Concerta1.0, también al hacer los cálculos de potencial y las probabilidades que en definitiva mantienen la paz, deben tenerse en primera línea de evaluación otros factores concurrentes, como los antes mencionados, y experiencias internacionales que es dable sopesar. Porque no es lo mismo movilizar rápidamente tropas para ir a brindar auxilios humanitarios a Haití o a construir casas a Talcahuano, que poner esos mismos efectivos (y tras de ellos, la sociedad civil que debe respaldarles irrestrictamente) en una línea de fuego, desde la cual muchos no regresarán jamás.

         Hipotéticamente enfrentados los altos mandos castrenses a los rigores y adversidades que todo conflicto bélico depara y a una formidable orquestación de guerra desinformativa y sicológica enemiga, ¿serán capaces estos de responder a dichas exigencias?; cuando son los mismos que en su generalidad han admitido la humillante derrota dialéctica que les ha prodigado la ex Unidad Popular con el Partido Comunista de tambor mayor. Haciéndoles avergonzarse de haber derrotado en su momento culmine de la Guerra Fría, a las columnas del frente soviético en el Cono Sur americano. Escenario que, por ejemplo, no ha acontecido nunca en Brasil, Uruguay o Guatemala.

         Porque en honor a la verdad. Hoy por hoy, los únicos que reciben balazos a mansalva que buscan su muerte y están expuestos diariamente al riesgo vital son Carabineros y la PDI. Pues lo demás, objetivamente, son juegos de guerra, simulacros, zafarranchos, ejercicios digitales de computador o misiones asépticas de patrullajes y reparto de víveres y sanidad en misiones ONU.

         Entonces, ¿quedarán reservas de astucia y sagacidad para enfrentar las artimañas de un conflicto? – Dios así lo quiera – en medio de instituciones que ya fueron burladas con los 582kms2 (“un pedacito de tierra no más”, al decir del señor Aylwin) perdidos con Argentina a comienzos de los noventa o con la pomposa Mesa de Dialogo de los dos mil. Mesa que únicamente sirvió para enfilar a miles de uniformados hacia los tribunales, encabezados en su mayoría por magistrados de indisimuladas simpatías izquierdistas.

         Y ahora que la Concerta2.0, en su afán sempiterno de complacer a los columnistas y opinólogos progres, a todo le aplica transparencia, como si la transparencia fuera en fin en sí misma, ¿qué queda para las materias clasificadas de defensa? Porque entre tanta apertura de puertas y archivos, no vaya a ser cosa que en Lima y La Paz estén sabiendo más de lo que ellos mismos imaginaron, que sabrían de los asuntos clasificados chilenos.

         Con calma, con serenidad, pero con la reciedumbre y coraje que ha caracterizado a nuestra historia, desde la guerra mapuche de los 300 años, la nación debe asumir responsablemente este explosivo escenario que ha desencadenado la renovada Confederación Perú Boliviana, con sus desembozados afanes sobre soberanía chilena. Imperio ganado con la sangre de nuestros héroes que dieron honor y gloria a la Patria, sin pensar en tramoyas de imaginería, ni en campañitas de imagen, sino que con la voluntad de victoria en sus pecheras, dejando el qué dirán para los comentarios de señoras de salón a la hora de las once.

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