El escándalo de la multitienda La Polar, con toda la desfachatez de dicha “gente linda güena pa’ los negocios”, en su directorio y altas planas ejecutivas, es un fraude a la fe pública de amplias y perdurables consecuencias.
Pero este no es el único sablazo que padecen los chilenos en este frío invierno.
Prevalece hoy uno mucho mayor y extenso. El fiasco de haberle prometido a la ciudadanía una “nueva forma de gobernar”, la llegada del cambio anhelado, hasta por gente que habitualmente votó Concertación, para constatar a julio 2011 que la administración Piñera, sí hay algo que ha hecho bien y ha bregado fuertemente en pro de ello, ha sido parecerse lo más posible a sus cuatro antecesores concertacionistas y derivar en un continuismo decepcionante, que como corolario se traviste con ropajes de “centro derecha”. Pero si envidiándole a Bachelet buscó y consiguió tener su propia revolución pingüina.
Así los beneficios del usufructo del poder los cosecha el continuismo concertacionista, por intermedio de su densa e intocada burocracia y los escupitajos e improperios se los lleva la perversa “derecha”.
Por eso, de tanto buscar darle en el gusto a los progres “políticamente correctos”, la administración Piñera concluye en un curanto incomible, que a estas alturas se mueve básicamente por inercia.
Lo que iba a ser la nueva forma de gobernar, el cambio por el cual esperanzado sufragó el 51,61% del electorado, ha sido la prolongación misma de las políticas y funcionarios públicos concertacionistas, pagando la autentica derecha, el costo de todos sus yerros reiterados, cuando lo menos que ha materializado ha sido ser eso, un gobierno de centro derecha.
Completando este escenario el patético cuadro de ser despreciados hasta la injuria y el peñascazo por los operadores y políticos profesionales concertacionistas, quienes disfrutan a sus anchas de las prebendas y “reparaciones” fiscales, repudiando a los moradores de La Moneda, en cada oportunidad en que esto es factible. Valga solo como ejemplo palmario, la ceremonia intima que tuvo que hacer Piñera en el homenaje que pretendió rendirle en la plaza de la Constitución al ex presidente Frei Montalva, la que hubo de encapsularse entre las cuatro paredes de palacio, porque afuera los tomatazos estaban listos.
Así nos confrontamos con un complejo panorama, en el cual el país constata un gobierno surgido del hastío del pueblo con las practicas concertacionistas, que en lo sustantivo ha buscado proseguir con los mismos vicios de las dos décadas democristianas-socialistas, el que de modo ascendente suma altas cifras de visceral rechazo, lo que en estas columnas anticipamos desde el segundo semestre de 2010, cuando percibimos que la nueva forma de gobernar era el continuismo y la persecución enfermiza de las sonrisas del mundo progre y sus más identificables voceros.
Por eso este gobierno que se lleva los salivazos, las molotov y los desbordes de las protestas ciudadanas, carece en lo absoluto de una base nacional y popular que salga a la calle y se contraponga en su defensa. Porque si fuera un gobierno de derecha nacional y popular, como muchos existentes en el mundo, y no de señoritos con carencia de calle y de barrio, tendría millares de pobladores y estudiantes, de profesionales jóvenes y emprendedores, defendiéndole doquiera fuese atacado.
Pero si a este continuismo enclenque y timorato ni siquiera lo escudan las elites en las redes sociales electrónicas.
Hoy la nueva forma de gobernar puede desplomarse por una asonada insurreccional y en su defensa no salen ni los parientes de los ministros, a diferencia de las multitudinarias manifestaciones de respaldo público que tuvo “la dictadura” (Vgr. septiembre de 1986, pos asalto a la comitiva presidencial) o el secuestro de Pinochet en Londres y sus masivos funerales.
El derechista Partido Popular (PP) de España, por ejemplo, desde hace mucho tiempo ha demostrado que no es una formación virtual ni de papel y cuando lo necesita moviliza centenares de miles y hasta millones de españoles a las calles ibéricas.
Ausencia de respaldo piñerista, que por lo demás también fue característica de la administración Bachelet, cuando la señora de marras tenía el 83% de aprobación y nunca fue capaz siquiera de llenar el Estadio Nacional, para que vamos a decir el Parque O’Higgins, en apoyo a su gobierno, en los diferentes periodos difíciles que vivió el mismo. Particularmente cuando también cometió el fraude de renegar de su principal promesa de campaña, de que “nadie va a repetirse el plato”.
Es que este es el Chile de tramoya. Del duopolio Concertación I – Concertación Piñerista 2.0. De artilugios y malabarismos. De la “gente decente y seria” de los directorios de las S.A. De las imágenes falsas y ficticias proyectadas por los “asesores comunicacionales y de imagen”, a través de medios prensa habitualmente muy obsecuentes con los poderosos. Periodismo igualmente tipificado como de “derecha”, producido y editado por progres de izquierda.
Un gobierno que apenas lleva alrededor de 16 meses en el poder, que tuvo a su inicio un devastador terremoto y tsunami y que no obstante ello, se ha acomplejado pávidamente, cada vez que pudo hacerlo rayando la cancha, con sacar los esqueletos que se acumularon durante veinte años en los closets concertacionistas. Por el contrario. La Moneda como en el caso del Transantiago, del MOP, de Codelco, de las violaciones masivas de los DDHH en el sistema penitenciario, de la salud o la educación, únicamente se ha limitado a lanzar apresuradas paladas de cómplice arena sobre dichos fosos concertacionistas, para, precisamente, ser amigo y simpático, para todos y con todos los progres y cosechar la hecatombe de impopularidad que hoy padece. Por su afectado estilo de no ser ni chicha ni limoná.
Ahora bien, el tema complejo es que con esta administración continuista de las prácticas y políticas concertacionistas, el centro derecha progresivamente ve alejarse las posibilidades de una proyección más allá del 11 de marzo de 2014. Porque La Moneda ejecuta políticas concertacionistas, por intermedio de ministros habitualmente neófitos en los complejos manejos de la comunicación y propaganda política, pero las bofetadas e improperios se las lleva el concepto “de derecha”, que no ha tenido arte ni parte – o muy poco - en lo que son los hechos característicos del día a día gubernamental. Pues estos son protagonizados por los centenares de miles de funcionarios públicos concertacionistas, que para los efectos atornillan al unísono al revés.
Además de que la gente habitualmente prefiere los originales a los sucedáneos chantas. O sea, entre un remedo acomplejado de Concertación con tientes tecnocráticos elitistas y escenografía de Harry Potter, el pueblo optará por el viejo mal conocido, a excepción que surja algo auténticamente renovador de aquí a fines de 2012.
Ejemplos de que la nueva forma de gobernar derivó en mero continuismo concertacionista abundan y son fáciles de señalar. Indiquemos, entre otros, solo algunos como:
El nulo cambio comunicacional y de contenidos de TVN. Y en donde se reafirma a conspicuas figuras del concertacionismo como populares “rostros”, para las justas electorales de 2012 y 2013.
El aniquilamiento del diario La Nación, por carecerse de un manejo comunicacional básico en La Moneda, periódico que ahora ni siquiera sirve como afiche de conceptos pro gubernamentales en los kioscos del gran Santiago.
La ausencia de un ideario distinto al socializante concertacionismo en todas las manifestaciones culturales y diplomáticas gubernamentales. De hecho, el 15º Festival Internacional de Documentales recientemente patrocinado por el Ministerio de la Cultura, fue un compendio apológico del chavismo y la guerrilla castrista.
El aumento del gasto público, el tamaño del Estado y la mantención de impuestos onerosos sobre la clase media. Conjuntamente con la persecución tributaria y laboral implacable sobre las PYMES.
La supremacía de los discursos y shows publicitarios relacionados con la seguridad ciudadana, en contraste con la perseverancia de una narco delincuencia cada vez más violenta y agresiva.
El abandono de normas de respeto, urbanidad y civismo entre la mayoría de los estudiantes, quienes junto a sus apoderados amedrentan profesores, destruyen instalaciones y en antipatrióticos casos apedrean a sus propias tropas en los desfiles militares. Y que literalmente con propuestas demagógicas, emanadas del comité central del Partido Comunista y difundidas por sus telegénicos agentes, han puesto de rodillas al Ejecutivo y su contemplativo ministro de educación.
El retiro de los apoyos esenciales a carabineros para la mantención y restablecimiento del orden público, como la insensatez de la supresión de gases inocuos disuasivos. Y su insólita “retractación científica” tras 48 horas, para deshacer el yerro.
El puntarenazo que derivó en el alzamiento de una región que como nunca antes votó en contra del concertacionismo.
El descriterio de Kodama con la abortada operación de nada menos que $17.000 millones de “indemnizaciones” implementada por todo el aparato concertacionista de mandos medios que manipulaba el tema desde 2005. Aplicando los mismos millonarios perdonazos habituales en el MOP, como el escandaloso y silenciado (por la “prensa investigativa”) caso Tribasa México.
Las puntillosas y timoratas respuestas al soliviantado bolivianismo chavista, que se permite el desparpajo de legalizar en las narices chilenas el robo de miles de vehículos de compatriotas, que sigue exportando crecientes toneladas de droga – merced a la estupidez del desminado de fronteras desérticas – y que invade el territorio chileno, con una patrulla militar con armamento de guerra, delinque en nuestro espacio y después exige explicaciones por el trato a sus homenajeadas tropas, devueltas entre gallos y medianoche, por la pavura chilena parapetada detrás de la “prudencia”.
Y entonces, ¿por qué la “oposición” concertacionista no sube como espuma en las encuestas cuando “la centro derecha” cae cuesta abajo en la rodada? Pues muy simple señores, porque los chilenos todos perciben que lo que trajo la nueva forma de gobernar fue más de lo mismo, lo que promete la concertación originaria es extracto de más de lo mismo y lo que la gente ha querido y sigue esperando es cambio. Cambio de verdad y de fondo. Y no de formas y rostros.
Por lo dicho – y de seguir seguramente así las cosas- que a nadie le extrañe que dentro de poco el cantico del pueblo sea ¡que se vayan! Pero ¡que se vayan todos!


















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