Cómo se organizó el cerco internacional contra CHILE 
Ya vimos cómo varios miles de extremistas se refugiaron en las embajadas para huir del justo castigo de sus tropelías, que habían hundido a Chile en el caos más grande de su historia. Entre esos refugiados había un buen porcentaje de vivos que se autoexiliaron para huir de situaciones familiares o comerciales complejas, y muchos que lo hicieron también porque querían conocer el mundo, y
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ENTREGA Nº 11
CAPITULO XX
Cómo se organizó el cerco internacional contra CHILE
Ya vimos cómo
varios miles de extremistas se refugiaron en las embajadas para huir del justo
castigo de sus tropelías, que habían hundido a Chile en el caos más grande de
su historia. Entre esos refugiados había
un buen porcentaje de vivos que se autoexiliaron para huir de situaciones
familiares o comerciales complejas, y muchos que lo hicieron también porque
querían conocer el mundo, y
Esos miles de
exiliados, en lugar de respetar su condición de emigrados políticos, dedicaron
todo su tiempo libre a organizar comités, reuniones, presentaciones, etc. con
el fin de condenar a su propia patria, a la cual siguieron atacando desde el
extranjero, obedientes a las órdenes de sus jefes comunistas de Moscú. Aunque ahora parezca increíble, hubo un viejo
comunista, pagado por el oro ruso, (de apellido no chileno, por suerte) que
hablaba desde
A medida que las acciones de los exiliados recibían mayor apoyo económico de numerosas instituciones de fachada del comunismo internacional, y de los eternos tontos útiles como Amnesty International, H.R.Watch, etc. que se matriculan en cualquier actividad para llamar la atención y figurar, aportando su ingenua cuota (que no saben bien si está destinada a asesinar inocentes) así se fue estructurando una inmensamente orquestada campaña en contra del gobierno de las Fuerzas Armadas chilenas, respaldadas por lo mejor del verdadero pueblo chileno.
Y contra esa élite espiritual del pueblo, se unieron los comunistas de todas las naciones (rusos,cubanos, nicaragüenses, polacos, italianos, españoles, franceses, etc.) más esa enorme masa flotante de los intelectuales decadentes, artistas y cómicos de la legua, saltimbanquis y gays, alcohólicos y lanzas internacionales, que no encontraban sitio en el Chile que se estaba forjando entre nosotros, para asombro y ejemplo de los países subdesarrollados, pero que quería sacudir varonilmente el estigma de ser colonizados políticamente y económicamente.
Así brotaron en todas las capitales europeas y americanas los Comités de Ayuda al Pueblo Chileno (que se estaba levantando sin ninguna clase de ayuda…), y en defensa de los Derechos Humanos, dirigidos y financiados en la sombra por la más sanguinaria dictadura de toda la historia de la humanidad, que causó en el Siglo XX mas de cincuenta millones de muertos.
Y así, en la sombra y desde lejos, se comenzaron a urdir las más siniestras maquinaciones contra nuestra Patria: en Roma se llegó al cinismo de intentar formar un ejército de voluntarios (bien pagados, por supuesto…) para venir a atacar a nuestras Fuerzas Armadas… Esa verdadera brigada internacional, se formaría con la misma hez de todas las naciones, con esos soldados de pacotilla…entre los cuales para vergüenza nuestra, también vendrían chilenos a asesinar a sus compatriotas…
Y tal como se intentaba formar esas brigadas mercenarias en Roma, bajo el alero de los democristianos italianos (esos mismos politiqueros venales que fueron barridos del escenario italiano pocos años después por corruptos) bajo la aparente dirección de altos dirigentes del PDC chilenos exiliados en la capital de Italia, así en Washington otros exiliados de alto nivel urdían la trama para formar un gobierno chileno en el exilio, que sería encabezado por un ex embajador chileno en esa capital. Dicho gobierno chileno en el exilio, sería reconocido de inmediato por Estados Unidos, Italia, Suecia, Cuba, y por supuesto, por todo el bloque soviético…
Y ese sería el siniestro y cobarde pretexto para obtener una resolución de las Naciones Unidas e invadir a Chile con una fuerza internacional, cuyas puntas de lanzas serían las brigadas internacionales formadas en Italia y Europa.
Así se estaba formando la siniestra conjura internacional contra Chile, por el comunismo mundial, y sus aliados, los tontos útiles de siempre…
Ese nuevo gobierno fantoche chileno no dudaría en pedir ayuda a Cuba, para derrotar a las Fuerzas Armadas y de Orden chilenas, y de un momento a otros habríamos tenido allá en nuestra Segunda Región, decenas de miles de soldados cubanos, que ya tendrían las armas enterradas en Carrizal Bajo, y que podrían realizar el sueño de Allende, de transformar a Chile en otra Cuba, o mejor dicho, como quería el siniestro Ché Guevara, establecer en Chile el Viet Nam sudamericano…
CAPITULO XXI
El Oro de Moscú y Las
platas de
Desde siempre
se sabía que
A esos dineros que llegaban por los más diversos medios, ya sea traídos en maletas llenas de billetes (como lo confesó en sus memorias el delegado internacional Eudocio Ravinés) o por medio de inversiones y compras de empresas, sobre todo editoras de periódicos y libros, y de pequeñas imprentas que les servían para su actividad de volantes y panfletos. En dichas empresas, obviamente trabajaban miembros del partido, con lo cual se cumplía una doble actividad: agitación y propaganda y dar trabajo a muchos partidarios.
Como ejemplo
de cómo se invirtió el oro de Moscú en nuestro país, podemos hablar del diario
El Siglo, cuyas ediciones siempre dejaron pérdidas, que eran absorbidas por las
remesas de dinero ruso. En esos tiempos
se dijo que una de las empresas de transporte público más importantes era
propiedad del Partido Comunista, que así podía movilizar a sus dirigentes y
activistas gratuita y eficazmente. El Partido Comunista también adquirió varias
radioemisoras como
La mayor parte de los dirigentes comunistas, desde nivel medio hacia arriba, eran rentados, para que pudieran dedicarse a tiempo completo a sus tareas de proselitismo y agitación.
A muchos militantes de niveles inferiores, el partido les ayudaba a pagar el arriendo de sus casas, además de una pequeña renta.
Fueron miles y miles los militantes que podían de esa manera dedicarse preferentemente a su actividad partidaria, y estar dispuestos en cualquier momento a desfilar, reunirse, protestar por cualquier motivo, enfrentarse a la policía, a veces por causas que ni siquiera entendían, pero como lo ordenaba el Partido, lo hacían sin vacilar… Y pobres de ellos si no obedecían o siquiera cuestionaban las órdenes, ya que en ese caso se les aplicaba el hielo y se los ignoraba, quitándoles hasta el saludo. Esa muerte política era un castigo terrible, y sólo se levantaba cuando el rebelde, tildado de contrarevolucionario o vendido a la reacción, llegaba a pedir perdón y se convertía en adelante en el más sumiso de los militantes.
Como se ha sabido posteriormente (aunque se sospechaba desde hacía muchos años) el llamado oro de Moscú financiaba la agitación en muchos países…Y posteriormente, cuando ya la llamada guerra fría se fue agudizando, esos dineros permitieron comprar armas, explosivos y otros elementos para la lucha armada que se veía venir, y enviar instructores militares y expertos en terrorismo a cualquier parte del mundo donde fuesen necesarios…
Pero, tratándose de un movimiento internacional,
como lo era el comunismo, toda esa actividad y financiamiento era hasta cierto
punto lógica, y respondía a la doctrina
de dominio mundial que pregonaba
Lo que no
resultaba tan lógico, por lo menos superficialmente, era que en la política
chilena también interviniesen otras platas, es decir capitales foráneos,
extranjeros, ajenos a los poderes financieros y políticos chilenos. En este caso, se trataba de una agencia de
inteligencia que extiende sus tentáculos de espionaje por todo el mundo:
En forma oculta, y siempre teniendo en cuenta sus intereses, es decir los intereses de los EE.UU., por sobre los de los países espiados e intervenidos (en este caso, de Chile) vigilaban las actividades políticas del gobierno y opositores, informaban a sus jefes de Washington, y éstos ordenaban las respectivas operaciones de campo, pagar, corromper, introducir agentes donde y a quien les interesaba. Y así se financiaron y organizaron campañas en contra de uno y otro candidato a Presidente.
Nosotros los
chilenos estábamos orgullosos de nuestra democracia que funcionaba
perfectamente en apariencia, pero que estaba manipulada en gran parte por
intereses extranjeros: la izquierda, apoyada por el comunismo
internacional (cuya sede estaba en Moscú), y el poder financiero y político (potencialmente
militar) de los Estados Unidos(cuya capital está en Washington) a través de
Entonces, siempre los chilenos estábamos luchando entre dos poderes invisibles, ninguno de los cuales representaba verdaderamente a Chile: El comunismo dirigido desde Moscú y el capitalismo internacional dirigido desde Washington.
La primera reacción fue, naturalmente, de estupor: no se podían convencer que, antes de que ellos pusieran en marcha su siniestro plan, les hubiese caído como un rayo del cielo. En breves horas, todos los nidos de resistencia fueron aplastados, cientos de prisioneros, casi todos cogidos con las armas en la mano, fueron llevados a sitios de concentración.
Los prisioneros fueron, lógicamente, los cuadros menores. Pues los dirigentes -excepto los pocos que cayeron luchando en las acciones de las primeras horas- todos se escondieron (algunos como el jefe de los comunistas, Corvalán, a quien sacaron de debajo de una cama), muchos se disfrazaron, y con documentos falsos se refugiaron en embajadas o salieron subrepticiamente del país. Así salieron miles de refugiados que se constituyeron en los principales activistas contra el gobierno chileno. Se habían comprometido, como todo asilado, a no desarrollar actividades políticas, pero ellos en todas partes se constituyeron en núcleos activos de sabotaje contra Chile en el exterior, y buscaron financiamiento para atacar desde afuera a nuestra Patria.
Hubo algunos detenidos que aún desde dentro de las cárceles seguían ordenando y organizando lo que ellos llamaban la “resistencia”, haciendo caer el peso de la acción policial sobre aquellos a quienes, desde sus lugares de detención, mandaban a hacer actos de sabotaje y a colocar bombas, o atacar desde lejos, siempre ocultos, a las patrullas militares que resguardaban el orden y protegían a la población de asaltantes y cogoteros.
Hubo enfrentamientos muy duros entre los grupos armados y las fuerzas de seguridad, con muertos por ambos lados. Las bajas de los extremistas eran mucho mayores, pues se enfrentaban con militares profesionales…
Los servicios de inteligencia detectaron rápidamente que muchos de los dirigentes encarcelados seguían ordenando las acciones que causaban muchas bajas, en especial entre los carabineros. Y se ubicó a los más fanáticos, castigándolos con la máxima severidad. Con medidas sin duda muy duras, se logró la tranquilidad del país durante varios meses. Pero apareció un nuevo enemigo. mucho más peligroso: la acción del comunismo internacional, que empezó a mover sus fuerzas en el extranjero, ordenando acciones en contra del gobierno chileno, que llegaron hasta paralizar algunos puertos a los que arribaban barcos chilenos, o con mercadería chilena, impidiendo el desembarco de minerales o mercaderías, sin importarles que con ello perjudicaban al país entero.
Y con la ayuda de Cuba y de
Pensando llevar las acciones en mayor escala, se planificó un desembarco clandestino de gran cantidad de armas, intento que, gracias a la labor de inteligencia de nuestras Fuerzas Armadas se desbarató antes de que esas armas pudiesen causar miles de muertos en nuestro país.
Ese desembarco se realizó en unos sitios desiertos del Norte, en un lugar llamado Carrizal Bajo. Detalles de esas acciones pueden leerse en el Capitulo XXII de esta obra.
Y así, durante muchos años, continuaron en Chile los enfrentamientos armados. El comunismo internacional, ayudado por elementos enquistados en las democracias, siguió con sus intentos demoledores. Fue inútil que visiblemente el país estuviera resurgiendo de sus ruinas, que el gobierno militar, en medio de la incomprensión y el silencio del mundo, - a pesar de dos crisis mundiales, y del acoso político y financiero internacional- lograse modernizar a Chile, y colocarlo en los primeros lugares de los países en desarrollo. A tal punto, que ya avanzados los años de gobierno militar, se hablaba de que los chilenos eran “los jaguares” de Sud América, y se mencionaba la obra modernizadora del General Pinochet como un ejemplo entre las naciones. De todas partes llegaban las misiones económicas a estudiar cómo este pequeño país, asediado políticamente, pudiese dar ejemplo a naciones más grandes…
Todo eso no sirvió de nada, pues lo que no consiguió la acción armada de los extremistas, los malos políticos lo obtuvieron en menos de diez años: paralizar el progreso nacional, a tal punto que todos se dan cuenta que ahora el país está avanzando sólo con el empuje que le dio el gobierno militar, y ese avance es cada vez menor y más lento, como un misil al que se le hubiese terminado el combustible y que sigue volando sólo por inercia….
Como informacion adicional sobre esto de la gran cantidad de armamento en poder de los extremistas, podemos citar las jactanciosas declaraciones del lider comunista chileno Corvalán: “Los allanamientos sólo encontraron el diez por ciento de nuestras armas. Y guardamos el resto “ por si las moscas...”
Y
esto lo declaraba
en pleno régimen
democratico, cuando ya autorizado por el Gobierno
de

















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